La música sirve como refugio en épocas de crisis

Juan Carlos Ruiz Voz + Música + Business

Juan Carlos Ruiz Voz + Música + Business

Es uno de los embajadores de la música venezolana. Su voz se da a conocer en escenarios internacionales. Orgulloso de su carrera artística, presenta su nueva producción discográfica

La magia que emana de la voz de Juan Carlos Ruíz, acompañada de los instrumentos típicos venezolanos, engancha a los oyentes de grandes ciudades del orbe. Este cantante originario del Estado Guárico, es un apasionado por la música nacional. Ha participado en festivales universitarios en el país y recibido, por su talento en escena, numerosos reconocimientos.

En su extensa y respetada trayectoria musical cantó el repertorio popular en varios países de Europa y Asia.

Y es que la música venezolana llega a lugares insospechados. Durante un concierto en Irán, un profesor de la Universidad de Teherán –capital de ese país- sintió fascinación por los sonidos de la guitarra, mandolina y el cuatro venezolanos e invitó a Juan Carlos, como vocalista, y a los músicos Héctor Medina, Daniel Requena y Daniel González para grabar canciones de sello nacional en un estudio de esa institución. La postproducción de ese álbum se realizó en Venezuela.

Después de esa exitosa gira internacional, bautizaron al disco “Por el Medio Oriente” en el Teatro Santa Rosa de Lima (Caracas). Esa noche, compartieron tarima con el comediante Emilio Lovera, quien cantó junto al joven intérprete “El Sapo”, tema del folklore venezolano.

En su reciente producción musical “Preludio y Coda”, Ruíz rinde tributo a los grandes boleristas nacionales y latinoamericanos.

En esta conversación, el talentoso artista habla de su carrera musical, sueños y proyectos. Es economista de profesión. Pero, sin duda, amante de la tradición musical del país.
-¿Cómo te diste cuenta que el canto era tu pasión?

-Se lo debo a la música venezolana; cantar tan hermosas letras que tiene el repertorio popular, excelsa poesía llena de romanticismo. Me hace feliz hacer música, lo disfruto mucho. Cada concierto es un encuentro conmigo mismo. El maravilloso público hace la mitad, o más, de un buen concierto y son también parte de uno como artista.

Es inevitable no conectarse, por ejemplo, con una frase de un poema de Alberto Arvelo musicalizado en un Diamante (género musical venezolano) que dice: “Ojalá hubieran cien llanos entre mi vida y tu vida, y cien Apures cruzando por la sabana infinitiva…”, o con un pasaje llanero de Pedro Emilio Sánchez o de José Romero Bello.

-Háblanos de tu travesía musical.

-Recuerdo que a los ocho años de edad, mi madre decidió comprarme un cuatro e inscribirme en la cátedra de música venezolana que dirigía el maestro Oswaldo Arbeláez en la Casa de la Cultura “Francisco Lazo Martí”, en Calabozo, estado Guárico. Aprendí a tocar mandolina y después guitarra, siempre interpretando repertorio de la música tradicional venezolana.

En 1994 llega el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Infantiles y Juveniles de Venezuela, y se crea la primera Orquesta Sinfónica de Calabozo. Ahí es cuando empiezo a estudiar Viola, teoría, solfeo, apreciación musical y armonía. Conocí también el mundo de las agrupaciones corales. Después me fui de mi ciudad natal a Valencia, para estudiar Economía en la Universidad de Carabobo (UC).

Durante mis estudios universitarios participé en los festivales de canto de mi facultad. Ingresé a la fila de tenores de la Coral Filarmónica Carabobo, después de una audición que hizo el entonces director, Federico Nuñez Corona, uno de los grandes compositores que ha tenido Venezuela.

Recibí clases con el barítono William Alvarado. Al graduarme como economista, me mudé a Caracas y fui integrante de grupos corales dirigidos por el maestro Gonzalo Peña.

-¿Cómo te inicias en el mundo artístico?

-Gracias a mis grandes amigos de Guasak4, Héctor Medina y Daniel Requena, por quienes no me canso de manifestar una gran admiración. Su propuesta es instrumental como cuatristas solistas, pero ellos empezaron a invitarme a sus conciertos. El más significativo para mí, quizás sea el concierto-bautizo de su primera producción discográfica que estuvo nominada a los premios Pepsi Music.

Ese concierto fue una verdadera fiesta musical, ahí tuve oportunidad de compartir escenario con grandes artistas como Rafael “El Pollo” Brito, Goyo Reyna, Eddy Marcano y muchos más. De manera natural se fueron presentando oportunidades. Posteriormente, grabamos juntos un disco que se llama “Guasak4 y Juan Carlos Ruiz, Por el Medio Oriente”.

-¿Cómo definiría Juan Carlos Ruiz su música y estilo?

-Definiría la música que hago de un carácter romántico y estilo apasionado.

-¿Qué significado tiene en tu carrera artística la producción discográfica Preludio y Coda, con la cual rindes un tributo a los compositores venezolanos y románticos de la canción latinoamericana?

La idea original a “Preludio y Coda” era que esta producción fuese un CD de boleros venezolanos. El propósito era destacar el aporte de algunos compositores nuestros como Conny Méndez, Carlos José Maitín, el propio Aldemaro Romero y el contemporáneo Ignacio Izcaray, a este género latinoamericano.

“Preludio y Coda” representa el clásico guayabo de un venezolano que se despide circunstancialmente de su país, se lleva consigo su música y, a su vez, quiere ofrecer un regalo antes de partir. Es un preludio porque está convencido de que lo mejor está por venir. Es una coda porque, de alguna manera, un proceso de reinvención no hace sino cerrar un ciclo en nuestras vidas.

-¿Cómo ves a Venezuela en el ámbito musical?

-Prolífica. Quizás derivada de la crisis que vive Venezuela. La música también sirve para manifestarse en épocas de crisis y para refugiarse. La música y el arte en general en Venezuela, representan una oportunidad infinita para desarrollar social y económicamente el país.

Con información de NP / Reynaldo Dávila. Diario El Nacional

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